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Almuerzo con el Rey del ganado, tarde con De pies a cabeza

mayo 31, 2009

Activemos un poco la máquina del tiempo. En 1993 la televisión colombiana sacó una excelente serie sobre un grupo de niños que liderados por el “Gato” Aguirre, un jugador que tras sufrir una lesión queda fuera de las canchas, forman un equipo de fútbol de barrio: “Los Gatos”. La trasmitía TVN cuando yo era chico y era obligación amarrarse a las 6 de la tarde a la tele a escuchar a aquellos chicos tratarse de “usted” (también decían siempre “¡Oiga gato!”) y ver qué pasaba en este pequeño universo de jugadores, rivales, y también de los líos amorosos de los protagonistas.

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El principal era el de Lucía (la mamá de Pablo, a la izquierda) con el Gato Aguirre, triángulo que habría sido fácil de resolver sino fuera por un pequeño detalle que tenía la serie, detalle por el que la recordé hace unos días, y que tiene que ver con el todo el tema de los secuetros de las FARC en Colombia. El papá de Pablo había sido secuestrado por la guerrilla, lo que producía una situación bien especial desde el punto de vista de un guionista: no se sabía si el papá estaba vivo o muerto, Lucía tenía que serle fiel a un fantasma del que no tenían noticias sino muy de vez en cuando, y eso impedía que pudiera empezar cualquier otra relación. No era viuda, no era soltera, no era casada, era la mujer de un secuestrado esperando su regreso. Era una pausa eterna, la realidad del secuestro todos los días, Lucía conversaba con su amiga y sufría al entender que se estaba enamorando del Gato mientras su marido estaba en algún lugar de la selva, retenido contra su voluntad. Con el tiempo, la presencia y el recuerdo del marido de Lucía se fue disipando y ella de hecho empezó a andar con el Gato, por supuesto sintiéndose muy culpable. En uno de los capítulos finales, Lucía se entera, leyendo un papel en un cuartel policial, de que su marido ha muerto. Y respira aliviada. Sino, quizás habríamos tenido una nueva temporada. Pero claro, ya Pablo estaba grande y empezaba a jugar fútbol en las ligas profesionales. En lo personal me parece bueno usar el tema del secuestro de esa manera, pero según entiendo, no fue la única serie colombiana que lo hizo, sino que es algo que integran a sus historias normalmente.

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